El financiamiento “sin contrato legal pero con garantía social” que reduce la vulnerabilidad

El financiamiento “sin contrato legal pero con garantía social” que reduce la vulnerabilidad

Capace facilita el acceso a créditos en asentamientos informales

El financiamiento “sin contrato legal pero con garantía social” que reduce la vulnerabilidad

“Vivir en el día a día no posibilita construir”, dice Juan Arambarri, uno de los cinco directores de Capace, una organización sin fines de lucro dedicada a proveer de financiamiento justo, conveniente y con garantía social sin la necesidad de realizar sacrificios “inaceptables para cubrir una cuota”.

Es que el sistema de Capace, fundado a partir de inversores sociales que obtienen sólo un retorno simbólico, es lo que permite que miles de personas sumidas en la vulnerabilidad, sin posibilidad de previsión a corto plazo para planificar y con la angustia y el stress diario que ocasiona, puedan afrontar una emergencia.

“Poco monto pero de gran impacto en el día a día”, hace la diferencia. Construye confianza, solidez, lazos y vínculos más humanos. Habilitan un enorme capital social en su comunidad, lo que reduce la desigualdad y la inseguridad propia de vivir en zonas que no son óptimas ni desde lo social ni lo ambiental.

Asentamientos informales

“La catástrofe social de América Latina, tiene su epicentro en los asentamientos populares. Es en América Latina, la región más urbanizada y desigual del mundo, donde 104 millones de personas viven” en esas condiciones aclara la Fundación Techo Para Mi País con los últimos datos estadísticos de ONU-Hábitat.

Argentina no escapa a esa realidad. La misma organización contabilizó hacia 2016 que en nuestro país existen “3837 asentamientos donde viven unas 788.425 familias en condiciones de precariedad con limitados accesos a los servicios básicos elementales”.

“Somos una organización de microfinanzas y lo que buscamos es potenciar el desarrollo económico de las personas que viven en barrios vulnerables, asentamientos informales y villas de emergencia. Nuestro objetivo es brindar servicios financieros, microcréditos y microseguros”, detalla Arambarri en diálogo con Mundos.

“Buscamos personas que tienen necesidades para producción, refacción de viviendas, necesidades básicas del día a día y que no tienen acceso a instrumentos financieros de ningún tipo. Para esto recurren a prestamistas con tasas de interés muy altas”. Por eso el objetivo es “brindar liquidez y financiar proyectos para el acceso a un crédito justo y conveniente”.

Los inversores sociales

Esta calificación define a quienes promueven este tipo de financiamiento. “Son personas que invierten en forma solidaria pero que pueden retirar el dinero cuando lo decidan. Es un fideicomiso. Está bastante difundido en otros países y en Argentina el retorno es simbólico porque no cubre la inflación. Ellas están alineadas a nuestra misión y nos permiten fortalecer el fondo y hacerlo más grande”.

Continúa diciendo que “es interesante fomentar este tipo de inversión porque permite un nuevo canal de financiamiento más allá de las donaciones, un mercado bastante saturado, dado que hay más de 100 mil ONG’s en Argentina. El hecho de ser una inversión social permite que personas puedan prestar su plata a cambio de un retorno que fue del 24% en 2018. Esto nos da una gran flexibilidad para que los créditos sean más flexibles y con mejores tasas”.

“Básicamente cuando uno recibe este financiamiento lo que permite es dar créditos más convenientes que son muy valorados por los prestatarios porque son personas en alta vulnerabilidad y tienen muchos shocks: inundaciones, enfermedades, robos, despidos laborales o caída de las ventas. Para eso, pueden pedir facilidades como prórroga, pago parcial o suspensión que permite que no tengan que realizar sacrificios que llamamos inaceptables para cubrir una cuota. No está mal si no pueden pagar, el inconveniente es que no haya voluntad” ni siquiera de comunicarlo.

Los inversores sociales acceden a los informes mensuales de los créditos desembolsados, indicadores de información, programas de eventos y convenios con empresas para tener otro tipo de beneficios.

La oferta y la demanda

“La demanda siempre nos excede y por eso estamos en la búsqueda de fondos en forma constante. Por eso tratamos de no expandirnos demasiado. Nos quedamos con lo que ya tenemos para proveer a estas personas y así poder brindar liquidez y certidumbre a futuro”.

Se aspira desde Capace “tener a disposición un crédito rápido y accesible para cubrir determinadas urgencias, lo que reduce la vulnerabilidad de la persona porque sabe que está cubierta y pueda sólo concentrarse en su proyecto o búsqueda laboral”.

El acento debe estar puesto es lo que significa la inestabilidad que acarrea la incertidumbre de no poder prever la vida a corto y mediano plazo. “Eso impide proyectar o planificar. Es la diferencia de la clase media que tiene ciertas garantías. Vivir en el día a día no posibilita construir”, asegura Juan y hace hincapié en la importancia de la seguridad en todos los órdenes.

Sin contrato legal pero con garantía social

“Nosotros tenemos delegados que son los referentes en el barrio. Ellos pre-aprueban las aplicaciones de crédito grande y su rol es fundamental en lugares donde no existe ‘mucha comunicación’”.

En el campo de las microfinanzas, “no hay contrato legal”. Es decir que “los microcréditos se basan en lo que se llama garantía social, cuando en realidad el incentivo para pagar es el evitar perjudicar a los pares del grupo. Se busca generar mayor nivel de compromiso de las personas para que el vínculo que sea lo más cercano posible y así construir capital social, que es la base del sistema”.

La fragmentación social aumenta la vulnerabilidad

Consultado sobre cómo se conforman los colectivos y/o familias que necesitan acceder al sistema de microfinanzas, Arambarri confirma que “últimamente hay mucha madre soltera con un hijo o un hija y es un problema para ella porque no puede salir a buscar un trabajo fuera de su casa porque tiene que quedarse con su hijo. Esto motiva que comience un emprendimiento de subsistencia de reventa con poca rentabilidad pero que la necesita para sobrevivir. Hay mayoría mujeres pero hay núcleos familiares donde hay una doble fuente de ingreso”.

En esta línea expresa que “existe bastante fragmentación social” por lo cual las personas están más solas y sin pocas redes sociales que puedan sostenerlas. En el caso de la mujer “fomenta su propia autonomía lo que genera determinado tipo de empoderamiento. Está bueno que cada uno/a tenga su propio límite crediticio y en un futuro un microseguro para lograr de forma inicial ahorrar para que sus recursos no se vean afectados por otros”.

Historias para ser recordadas

Juan argumenta que son varias las historias de vida cargadas de humanidad y sentido de pertenencia que respaldan las acciones de la entidad y que remiten a todo lo que aún falta por hacer. Historias que obligan a reforzar que el accionar de Capace es necesario y vital para que el desarrollo humano alcance su efecto totalizador.

“Había una vez una prestataria de Florencio Varela que se le había roto el techo, se inundaba cuando llovía y cuando tenía que aplicar a un préstamo demoraba mucho tiempo. Eso era una urgencia y le generaba gran angustia saber que su casa se podía inundar y perder todo en cuestiones de segundos. Esto le generaba incertidumbre y stress. Accedió al crédito de emergencia de Capace y pudo reparar el techo lo antes posible con una cuota que podía pagar de forma cómoda, sin grandes complicaciones pero sólo después de haber resuelto el problema. Poder hacer frente a esa situación de forma fácil y accesible, le permitió mejorar su situación y pudo ocuparse de otros temas sin la preocupación de esa amenaza permanente”.

Todas las personas tiene realidades, capacidades de pago o ingresos distintos. Los primeros “contratos” con Capace son de un valor bajo con la meta de construir la confianza, aunque como se mencionaba al principio “poco monto pero de gran impacto en el día a día”, de acuerdo a cada caso particular.

“La relación es a largo plazo y queremos que lo vean así” quienes toman estos créditos dado que “a largo plazo Capace fomentará un acompañamiento permanente”.

En la actualidad, en “un contexto difícil aumentamos las facilidades dado que hay muy poca liquidez y muy poco efectivo en circulación”. Para esta organización, se ingresa en un estadio de mora pasados los 30 días pero cuando el/la prestatario/a desaparece, no se comunica y no manifiesta su voluntad de estar a disposición, lo que afecta el sistema, debido a que la falta de cumplimiento afecta al resto de la comunidad.

“Ante las crisis hay que estar preparados porque son bastante recurrentes en Argentina, pero en los momentos malos, Capace va a estar ahí con las facilidades” de pago para seguir construyendo un sistema sustentable y justo.

Sobre la organización

Capace ha logrado construir una red institucional que permite solvencia a medida que trascurre el tiempo. Los convenios con bocas de pago “posibilitan que las personas no tengan que trasladarse a un banco que generalmente están alejados y ubicados en los grandes centros urbanos. Esto aporta mayor accesibilidad”.

Para conocer más sobre esta organización que trabaja en Capital Federal y Gran Buenos Aires y que basa su trabajo en cinco de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible implementados por Naciones Unidas en casi dos centenares de países, ingresá a https://www.capace.org.ar/

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